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3/2/09

Cambios, cambios

Hace dos semanas y un día que no pruebo un cigarro y, francamente, cada vez me siento mejor. He pasado malos días por culpa del mono, pero ya no más. Gracias a todos los que me habéis apoyado, bien a través del facebook, bien en persona o por teléfono. He de reconocer que hay momentos en los que me apetece fumar, como esta tarde después del examen, para celebrar el alivio. Sin embargo, estos momentos son -como su nombre indica- efímeros y no tienen mayor importancia. Son, además, cada vez menos frecuentes. Me ha hecho ilusión, también, el no haber subido de peso durante estos días.

Parte de este beneficio ha sido cosa del gimnasio. La verdad es que, a pesar de haber ido en otras ocasiones al gimnasio, esta es la primera en la que realmente me apetece. Estoy descubriendo las virtudes del deporte y, algo que antes era una herramienta para verse mejor, ahora me parece un aliado para encauzar energía, sentirse bien y conectar cuerpo y mente. Quizás son unos pensamientos demasiado elevados para algo tan trivial como levantar peso o correr unos minutos, pero tienen un alto grado de verdad. Me gustaría animar a todo el mundo a que haga algún tipo de deporte, sin importar cual sea. El otro día me atreví a salir a correr. Lo más fuerte es que era domingo. Un mes antes, o en cualquier otro momento de mi vida, me habría partido de risa si alguien intentase predecirlo. Fue menos de media hora, pero la verdad es que no quería parar, sólo que ya no sabía por donde iba a seguir corriendo.

También estoy redescubriendo mis gustos, mi forma de ser, mis defectos y mis virtudes. El trabajo del autoanálisis se hace día a día, en los momentos más insospechados y surgiendo inesperadamente. Aunque es una estupidez me he dado cuenta de que me gusta llevar barba porque creo que acentúa mi forma de ser. Puede que me equivoque, pero ya lo descubriré en caso de que así sea.

Quiero deshacerme de todo lo que me estorba. El otro día tiré 3 bolsas de basura sólo con cosas que tenía en la habitación. Cosas que pensaba que necesitaba, pero no era así. Todos tenemos mierda de esa en nuestras casas, en nuestros cuartos. Mierda indeseable, cosas que hay que tirar. La profesión de basurero se creó porque la gente tiene que tirar sus porquerías y yo todavía tengo muchas que tirar, sobre todo cables. Tengo tantos que los pocos que uso no puedo encontrarlos, por formar parte de la misma maraña que el resto. Al principio estaban ordenados, pero sin querer se han hecho inseparables. No es que reivindique lo wireless sino que quiero tirar mis cables. Según los budistas, el camino a la iluminación es algo similar a esto, a desprenderse de cosas. De momento empezaremos por lo superfluo. La iluminación puede esperar.

Hoy fue el único examen al que me presentaba en esta convocatoria. Creo que ha ido bien, pero aún no se puede decir nada. Me ha hecho ilusión ver a Isa por la facultad, después de tanto tiempo. Tanto tiempo el que yo no he ido, evidentemente. En cualquier caso estoy aliviado por haber hecho ya el examen. Sobre todo después de este fin de semana en el que no he hecho otra cosa más que estudiar.

Al margen de esta entrada, pero porque me da la gana, quiero decir que A Dos Metros Bajo Tierra me parece una serie reveladora. No sé por qué me parece tan grande. Es como una serie que contiene a todas las demás. Si la analizo detenidamente no se me ocurren los motivos para tenerle tal opinión, pero me resulta inevitable. Los diálogos, los personajes, la estética, ¡todo!. Todo es fantástico y a la vez no es nada del otro mundo. A lo mejor lo que ocurre es que todo está equilibrado, no como en otras producciones en las que pueden primar unos aspectos sobre otros. No sé qué tiene, pero me encanta. Y quiero casarme con David, que me parece adorable. Claire, sin embargo, creo que tiene mucho que ver conmigo. No sé por qué siempre me acabo identificando con las pelirrojas. ¿Será por lo de los pelos del coño? Joder, ¡qué asco!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Carlos, felicidades!, ojalá te ayude el dia a dia a descubrir tu yo poco a poco!, es lo mejor que un ser puede hacer.Mil biquiños!