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29/10/08

Boda en Tenerife

El día 18 Alan y yo estuvimos en la boda de Jose y Koldo, en Tenerife. Jose es un amigo de Alan y ex compañero de piso. Ambos trabajaban juntos hasta hace un par de años. Después de unos 8 años de relación, Jose y Koldo decidieron casarse y así lo hicieron. En las bodas siempre se pregunta por el tiempo, y este caso no es una excepción. Aunque tuvimos algo de llovizna y cielo estaba medio cubierto, nada estropeo la ceremonia, que fue al aire libre. Yo no conocía a nadie, excepto a los novios, y fui un poco asustado. Una vez allí se disiparon mis temores. La gente era muy agradable así que, al final, me divertí mucho. Había muchos compañeros de trabajo de Jose, a quienes Alan conocía en su mayoría. Así, todo resultó más fácil.

El casamiento y el banquete fueron en el mismo sitio. Un salón de celebraciones con jardín lo llevó a cabo. El acto, oficiado por un juez de una localidad vecina y siendo madrinas las madres de cada uno de los novios, resultó muy emotivo. Nadie paraba de llorar; el que más, Jose, claro. Después de los aperitivos, la comilona y el bailoteo. La selección musical venía de la mano de Jose. Entre los hits bailamos Ritmo de la Noche, Embrujada y, como no, I Will Survive. Como curiosidad, se echó de menos el ramo de la novia.

El último día estuvimos en La Laguna, aprovechando que quedaba camino del aeropuerto. Es muy bonito, sobre todo las casas, pintadas de colores muy vivos y variados. Mientras paseábamos nos encontramos una banda de música que tocaba canciones de Abba. Sonaba muy bien así que nos quedamos un rato escuchándolos. A la hora de comer nos decantamos por unas papas arrugás que estaban deliciosas. Apresurando el último bocado nos fuimos al aeropuerto y ahí se terminó el fin de semana.

El balance general es muy positivo. También comprobé que la gente, allí, es muy amable. Me refiero a la atención al público. Suelen ser muy amables y sonríen habitualmente. Me llamó la atención la estructura urbanística de la isla, donde la pendiente obliga a que todo sea en cuesta y desde un edificio de mediana altura se pueda divisar sobre otro mayor.

Os dejo unas fotos del evento. Aunque a alguna amiga mía no le ha gustado que Alan y yo fuésemos vestidos de forma similar, he de decir que no fue premeditado. Él compró la ropa en Sevilla y yo en Madrid, con lo que era imposible que coincidiésemos.

Alan y yo

Los novios y las madrinas

Nuestra mesa

Con las americanas

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