Recuerdo que una vez tuve una cabra. Me daba leche, pan y aceite. Era como un súper pero con patas. Cuatro, para ser precisos. Además de esto, si le echaba 5 cts. también daba ensalada. Por otros 5 salía aliñada y por 5 más bailaba el Saturday Night.
La cabra era pequeña, muy pequeña. Era tan pequeña que un día la metí en la mochila y se coló en el bolsillo para el móvil, así que me dejó sin cobertura. Se la comió toda. Nunca pude reparar ese móvil, porque la garantía no cubría mordeduras de cabra.
Era ésta una cabra alegre y segura de sí misma. En ciera ocasión, una cabra mayor -una cabrona- le ofreció trabajar en un circo, pero no veía el negocio y no aceptó. Realmente, el problema de no verlo era por su ceguera. Era muy ciega, la pobre. Jamás se recuperó.
Mi cabra se llamaba Asunción. Quería ponerle nombre de Virgen. María ya estaba muy visto, y Asunción de María era, además, muy largo. Asi que se quedó con Asunción. Los más cercanos la llamábamos Asun, aunque también le decíamos ión, de forma cariñosa. Ya al poco de empezar a hablar me dijo que ese nombre no le gustaba nada y quería ponerse Vanessa. Así, con dos eses. Tal como le expliqué, aquello era imposible, en el Registro no lo permitían.
Asun era muy buena cabra. Tuvo 37 cabritillos, pero ninguno tan bueno como ella. A los hijos me los comí con la ensalada de su madre. Por 5 cts.
Ahora Asun se murió y a sus hijos ya me los comí. No sé como sobreviviré a esto. Ahora para tener una ensalada, una barra de pan y una botella de aceite como no me meta los 5 cts. por el culo me los va a dar la Rita. Y eso sin bailar ni el Saturday Night, ni la Macarena, ni nada.
¡Qué caro está el Euro!
La cabra era pequeña, muy pequeña. Era tan pequeña que un día la metí en la mochila y se coló en el bolsillo para el móvil, así que me dejó sin cobertura. Se la comió toda. Nunca pude reparar ese móvil, porque la garantía no cubría mordeduras de cabra.
Era ésta una cabra alegre y segura de sí misma. En ciera ocasión, una cabra mayor -una cabrona- le ofreció trabajar en un circo, pero no veía el negocio y no aceptó. Realmente, el problema de no verlo era por su ceguera. Era muy ciega, la pobre. Jamás se recuperó.
Mi cabra se llamaba Asunción. Quería ponerle nombre de Virgen. María ya estaba muy visto, y Asunción de María era, además, muy largo. Asi que se quedó con Asunción. Los más cercanos la llamábamos Asun, aunque también le decíamos ión, de forma cariñosa. Ya al poco de empezar a hablar me dijo que ese nombre no le gustaba nada y quería ponerse Vanessa. Así, con dos eses. Tal como le expliqué, aquello era imposible, en el Registro no lo permitían.
Asun era muy buena cabra. Tuvo 37 cabritillos, pero ninguno tan bueno como ella. A los hijos me los comí con la ensalada de su madre. Por 5 cts.
Ahora Asun se murió y a sus hijos ya me los comí. No sé como sobreviviré a esto. Ahora para tener una ensalada, una barra de pan y una botella de aceite como no me meta los 5 cts. por el culo me los va a dar la Rita. Y eso sin bailar ni el Saturday Night, ni la Macarena, ni nada.
¡Qué caro está el Euro!
1 comentario:
Me encantan las cabras que bailan el saturday night, son fantasticas, maravillosas.
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