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2/5/08

Cuestión de ciencia

Me encanta pensar cómo evoluciona el ser humano poco a poco. Pasar de la rueda al coche, de la pila al parque de atracciones. Pero es más fascinante pensar en aquellos inventos que, aunque no sabemos que están ahí, nos encantan.

El mejor de todos, para mi gusto, es la mayor tontería del mundo, pero no sabemos cuántas vidas habrá podido salvar. Y eso que lo odiamos, porque no sabemos qué hace. Cuando encendemos el calentador, o un horno de gas, tenemos que estar pulsando “media hora” para que se mantenga encendido. Esto es imprescindible porque la salida de gas está regulada por una válvula que se mantiene abierta sólo cuando está caliente. Como se apaga con el frío, si la llama se extingue, se cierra automáticamente. Por eso mientras está fría, tenemos que mantenerla pulsada.

Las ondas electromagnéticas. Aunque parezca algo friki, nuestra vida no se parecería en nada a cómo lo es si no las hubiésemos empezando a emplear. Están en prácticamente todo. Sin ellas no podríamos ver la televisión, escuchar la radio, hablar por el móvil, calentar pollo en el microondas, usar el bluetooth/infrarrojos del móvil, tener mando a distancia, calentarnos con estufas de barras, jugar con coches teledirigidos, hablar por walkie-talkie, explorar el espacio, ver nuestros huesos sin abrir el cuerpo y muchas otras cosas casi increíbles. Además de todo esto, la luz también es una onda electromagnética, incluyendo los láser, pero como esa ya la conocemos bastante bien, no viene a cuento hablar de bombillas de ahorro o de láser-discs.

La trigonometría ha recibido siempre adjetivos como innecesaria, estúpida, difícil, aburrida, etc. Lo que no nos paramos a pensar, muchas veces, es que es una de las cosas más útiles que hay como herramienta matemática. No solemos darnos cuenta, pero su función es bastante parecida a la del número pi. Al igual que este número se corresponde con la relación entre el radio de una circunferencia y su perímetro, estas otras relaciones hacen lo mismo entre los ángulos y lados de un triángulo. Las aplicaciones son infinitas, pero como no me pensar ni escribirlo ahora, léete la wikipedia, si te aburres.

Al igual que las recetas de cocina, las máquinas necesitan una serie de instrucciones que puedan “entender” para así funcionar. Muchas de estas instrucciones son muy largas, o repetitivas, o exigen muchos cálculos. Un algoritmo es una serie de este tipo de instrucciones para que, por ejemplo, un ordenador ejecute un programa. Suelen ser repetitivos. Por ejemplo, un algoritmo para dividir sería algo así como “baja una cifra, mira por qué número se multiplica, resta y si quedan más dígitos, vuelve a empezar”. Eso ha impulsado enormemente el desarrollo de la informática y, sobre todo, de los sistemas multimedia. Los códecs, como el mp3, el divx y otros son, en esencia, un algoritmo, una serie de instrucciones para que unos datos se transformen en otros según unos parámetros estudiados, definidos y codificados previamente. Cuando escuchamos una canción en mp3 en el ordenador, el códec, o algoritmo de este formato está haciendo sin parar una serie de comprobaciones y cambios similares a los del ejemplo de la división. Lo hace de forma cíclica durante la reproducción, aunque tan rápido que la grabación suena de forma correcta. En un solo segundo el número de instrucciones ejecutadas por el códec puede ser de cientos o miles.

Espero que te haya gustado este pequeño paseo por la ciencia. Si quieres que te cuente algún otro caso, pídelo y si tengo información la escribo.

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